viernes, 12 de mayo de 2017

Cartas

CONCURSO ALHAMILLA RADIO MAR-

CARTAS DE AMOR.

Íntimo corazón andaluz:
Estoy a punto de exhibir mi torpe resonancia de impostora literaria y eres tú el único motivo.
Dicen que el hombre es soberano del dolor y de la muerte. Yo, en cambio, digo que es más que nada Rey de su querida, súbdito de su Alteza, el pasto pisoteado de la arrogancia primitiva que nos enseñan a anhelar desde el momento en que somos esos seres latientes en vientre ajeno y estrecho.
En estos tiempos que atraviesan nuestra juventud como una flecha herida en un temporal, es preciso que demos cuenta de nuestros errores, ¿qué sentido tendría irse de este mundo si a una le queda atragantada la última frase para el hombre verdadero que no pudo ni supo retener?
Perviviré en el pasado hasta que obtenga tu aceptación y recupere tus ganas de vivir conmigo. Porque esta carta que balbuceo, no es una carta pidiéndote disculpas ni perdones que no podrías darme, por lo que te he hecho (sin sospecharlo siquiera).
Es una ingenua carta de amor. Un amor en el umbral de la desesperación.
Un amor puro y casto que no tiene efectos colaterales.
Solo puedo musitar, una vez y otra, las palabras que quedaron flotando ese maldito día en el que todos alrededor nos miraban ansiosos y esperaban nuestro abrazo, el tierno final hollywoodense, y cayó, crudamente, sobre ambos, esa lluvia ácida que nos turbó la conciencia e hizo trizas el alma expectante, rodeada de cadáveres bien vestidos y mejor maquillados.

Es así de simple y complejo el amor. Me equivoqué y te pareció muy grave. Era muy grave para mí que no consideraras lo grave de la situación, que no entendieras el ímpetu, la traición de los nervios, la vehemencia del rayo que castiga con un ardor agobiante, que está quemando dentro, oculto tras una frágil cáscara.
Mi estar fue un padecer allí donde la sangre quiso ser líquido de frenos.
Locura del amor. Cabes en mí, es verdad, y quiero que sepas que no puedo decir que te he olvidado, porque no sé mentir tan bien como el resto.
Estoy temblando, hoy es tu cumpleaños, y el segundo que no pasaremos juntos. ¿Eres feliz a solas con tu áspera vidita?
La noche es un pozo ciego y caluroso y me desvela no tener contacto con el ancho follaje de tu sombra redentora.
Sigo a oscuras, mutilada en exceso, sin notas musicales, sin gritos ni aullidos de mariposas ebrias aleteando, para darte. Llevo mi pergamino de rebeldía adolescente, a cuestas, igual que un morral del que no puedo desprenderme.
Húmedos y desnudos van mis pensamientos para que te alcance el silbido de mis labios, esos que repiten con terquedad: “Dame tu venia de paz”. “Recupérame”.
“Te amo siempre”.
Su
Posdata: No creas que cuando digo estar en el umbral de la desesperación exagero o miento. No es una hipérbole ni una ficción. Soren Kierkegaard dejó escrito: “La desesperación es perder la eternidad”. Nosotros bien lo sabemos.
Dime, seductor amado: ¿Has leído a Kierkegaard?



Alhamilla radio mar
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(falta la primera parte de la carta introductoria del correo anterior)


Segunda carta:

Pachuchito mío, My chuchi:

¿Me perdonaste? ¿Echás de menos el escenario?
Me dije: “Hace ya dos semanas que “Sabina” no me escribe”, y como corresponde a una buena y aplicada musa (de esas que no cobran derechos de autor), tomé (cogí) papel y lápiz y empecé a redactar esta segunda cartita para mi chico.
No voy a caer en el tópico de gritar “no consigo olvidarte”, porque quien no me olvida ni por un segundo, sos vos (consta en actas), pero la verdad es que sin tus besos de lengua no concibo felicidad completa.
Hartita como estaba de ver fotos tuyas con famosos (Mujica, Massa, Julio Bocca, el segundo “Cholo” Simeone – no te pases al bando del orgullo gay, please, please, please) y con la deuda apenas despejada de saber si recibiste mi misiva anterior y mi librito Acuario Plateado por la Luna (el cual sospecho que se habrá perdido en alguna promiscua maleta rumbo al Free Shop) te agradezco la foto que te sacaste descalzo, con tu güiskicito “etiqueta negra” y tu Jime “que es una pantalla”. Creí entrever sobre la mesita, las tapas de mi libro y una carta en el piso, por lo que me consolé de haberte visto de lejos desde una quinta fila lateral del Luna Park, el 4 de setiembre, en un sector por el que no pasaste ni para decir “adiós, ojalá que volvamos a vernos”.
Este concierto, frío y mal trazado, porque a muchísima gente no le gustó la presencia de Noa (a mí tampoco y eso que soy “la favorita de un Rey”), me dejó gusto a poco. Pensé comprar entradas en la reventa (a más del doble del valor original) pero mi magro ingreso de docente me lo impidió. Cuando me saqué la lotería (es un decir) ya era tarde y solo quedaban lugares alejados y lo que esperaba era verte de cerca, para poder decirte con los ojos lo que no se escribe con la tinta.
A todo esto, pedí –por internet- un cierre de gira en Buenos Aires (como tenía que ser) y Massa y Zamora me dieron la alegría de convocarte a Tigre. Así que aproveché a tomarme dos días de relax y turismo (catamarán, delta, visita ciudad), y de paso, volver a escucharte, con la esperanza rota de tenerte al ladito.
Las cosas pasan porque tienen que pasar. Alrededor del mediodía del sábado 11 de octubre, caminaba por el playón donde estaban armando el escenario y me corrió una chica cuyo rostro me resultaba familiar (dijo que se llamaba Cristina y era argentina). Según ella, me confundió con una persona de Cultura. Yo la reconocí como del equipo de Sabina (son muchísimos, obvio) y me preguntó si iría a verte por la noche.
Lo importante está en los detalles solía decir Sherlock Holmes. ¿Te estoy aburriendo? Te aguantás, porque necesito contarte con precisión lo que viví y esto da para largo, como una moderna Sherezade del ciberespacio. Si las “sucias peruanas” no interceptan esta cartita, tendrás novela propia con protagonistas de la vida real (usted y yo y un elenco de super lujo, maestro).
¿Por dónde andaba? Ah, sí. La chica que me invitó al VIP. El día anterior intenté, sin éxito, que las concejales de Tigre me admitieron en la lista oficial, por lo que lo veía sumamente difícil.
Sin embargo, a las 6 y media de la tarde, estaba enclavada en el medio del playón de aforo, viendo el final de la prueba de sonido. Hay quien dijo que estuviste saludando a los de las primeras filas que llegaron a las 6 de la mañana. Raro, porque habría visto fotos en las benditas redes sociales de internet, donde por primera vez escuchamos “nuestras voces” en un chat ¿del hirc-hispano, canal sabina?, allá por el año 2000. La tuya sonaba entre mexicano de camión (Alex Méndez, que luego tendría un acuario con el nombre de Peces de Ciudad), chilena de Temucho (Oh Neruda), argentina de Cortázar, y como no, española de norte a sur (y yo con estos pelos y sin_maquillaje).
Vuelvo al playón. No te impacientes que ya te hablaré de nuestro íntimo encuentro.
Lo haré de forma manuscrita porque no puedo confiar en las computadoras y exponer una relación delicada e incomprensible para la mayoría, me hace víctima de la “mala reputación” que no de Brassens sino instigada por “Sancho Verola” y CIA: tu representante y productor Berry Navarro y la señora que se hizo pasar por tu mujer ante la Policía de España y me denunció por amenazas. Espero que ese tipo de conductas obsecuentes y traicioneras tengan su castigo algún día.
La soberbia que genera a algunas pobres mujeres estar cerca del artista Sabina no tiene nada que ver con la sensibilidad del hombre que las contrata, cuyo nombre real ni siquiera sospechamos, pero al que llamaremos Joaquín Ramón Martínez, por pura convención de necesidad procesal para identificarte.
Son tantas las cosas que necesito contarte que “Cien años de soledad” se quedan cortos, my love.
Cuando me canse –de escribir, no de adorarte- tendrás que esperar al próximo capítulo. Tampoco sé cuándo leerás esto, ni si lo leerás. No importa, continúo.
Después de la prueba de sonido, me di cuenta de que a mis años (ocho menos que los tuyos) no podría quedarme atascada en ese espacio minúsculo, sin peligro de morir asfixiada, así que me retiré a un costado, desde donde pudiera oír, aunque no ver, el espectáculo.
Muchos sabineros me reconocían (hay dos bandos: me odian y me aman con igual intensidad), pero casi todos reconocen que fui la causa de que tengamos Sabina para rato.
Ya me iba a retirar del predio cuando recordé lo del VIP y un policía amable me indicó la puerta de entrada especial. Al fin, fui. Y claro, estaba estrictamente custodiada. No era de prensa ni era invitada política, no estaba en ninguna lista (excepto la negra). Cobré impulso, hice de tripas corazón y pedí que le comunicaran a Joaquín Sabina que estaba presente Lucía Folino.
No sé si fue la suerte, los políticos que me conocen de años de lucha por un país justo y seguro, libre de corrupción, manipulaciones, pobreza… la cuestión es que el grandote de la puerta, que me sacaba dos cabezas, dijo: “Fíjese si está en la lista. Pase”. No estaba y pensaba que era un modo elegante de admitirme, pero cuando dijeron que no, insistí con que le preguntaran a Joaquín y volví a la calle. Me exigían que me fuese, porque nadie entraba sin autorización previa, y veía pasar a decenas de personas que, seguramente, conocían tres o cuatro canciones de la radio, y me iba poniendo “más loca de lo habitual”. “Culpa tuya, Joaco”-rumiaba- “porque nunca me blanqueaste”. Pero esta vez, me controlé -voy aprendiendo con las sucesivas crisis- y roqué por un milagro de Dios (¿yo vendría siendo Lucifer, entonces?). En eso andaba cuando sale un hombre joven con pinta de Seguridad calificada. Le pedí que por sí o por no me diese tu respuesta y dije mi nombre.
-Vos entrás conmigo.
-¿Cómo te llamás?
-Lázaro.
Ese seudónimo me mostró una luz y me sentí aliviada. Resucitar a los muertos es mi especialidad.
Una vez dentro, sin pulserita de colores , me preguntan quién soy yo.
-Vengo con Lázaro (que ya había desaparecido de mi vista) y me pusieron una alfombra roja (metafóricamente hablando). Me serví un rico café y pasé al VIP, segunda hilera centro, frente al micrófono de mi amado ubetense- argento- internacional. Te iba a ver. Qué gozada. Sí. Qué gozada.
Lo que sucedió en ese sector da para que te escriba dos o tres cartas más. Fue un show dentro de otro show. Yo insistía en que era “tu novia” y apostillaba tus canciones, en medio de la carcajada general –excepto la de alguna envidiosa mujer de alrededor de 40 años, que tenía planeado seducirte y llevarte a la cama y yo le decía: “Miralo a Josemi, qué lindo. Tiene 42. Es de tu edad. Dejá a mi flacu en paz. Es solo mío". Y al final, cuando llegó el turno de Contigo (¿casualidad o consecuencia?) el contacto visual que hicimos explícito y el beso de tus labios en dirección a mí, de despedida (se vio así, no me lo estoy fabulando), mi vecina casi se desmaya, y se fue maldiciendo: “A mí no me miró en toda la noche”. Habrá pensado: “Y le dedica un beso a esta vieja insoportable”. Así estamos.
El correo me va a costar un ojo de la cara si sigo relatando anécdotas sobre Sabina. Prometo que no volveré a hablar de ese señor hasta el 2016, que vuelva con nuevo disco y gira (“Hasta los 80, como Cohen” te grité desde mi humilde puesto de espectadora).
Antes de cerrar quiero decir que si respondés a mis palabras prometo escribirte la próxima carta en rimitas, que tanto te gustan. No me mido contigo. Sé que pierdo por goleada. Pero me hace ilusión tener un lector ideal, alguien que se reconozca en cada verso como hago yo cuando te leo con admiración, te escucho con devoción y te sueño con tierna melancolía. Si pensás no entendiste.
Al googlear mi nombre con Rimas especulares, podrás leer una canción que te escribí en un blog satírico.
¡Qué guapo estabas en el concierto de Tigre, sin ese feo traje verde! Cuando apareciste bañadito para la ocasión, te amé más si esto fuera posible.
¿Joaquín levita?
                             



Carta tercera 

Aunque no tuve respuesta
de la carta que te he escrito,
redacto este manuscrito
a la hora de la siesta,
y si no respondes ésta,
como te imaginarás
volvería para atrás,
para darle su castigo
al poeta que persigo
con actitud lenguaraz.

2

Y si tú me lo permites
te cantaré cuatro frescas,
atropelladas, simiescas,
con afán de que me imites
y que algún día me invites
a tomar sidra contigo
y comer pastel de higo,
-es horrible pero rima-,
para que engorde tu prima,
porque eres juez y testigo.

3

Dejemos bien claro algo,
-perdona la sinalefa
pero aquí seré la jefa-
como mujer del hidalgo
Mio Cid, pues yo lo valgo,
te intimo a decir verdad.
Recuerda que mi ciudad
Avellaneda y porteña,
sabe más de lo que sueña,
y, es bostera, en realidad.

4

Basta ya de vanidad,
que mi broma te acaricie,
siempre y cuando no te envicie
la poca solemnidad
que parece una crueldad
de ataque a la poesía
que te inventa cada día
y en mi muro encontrarás,
aunque digas que jamás
has visto una foto mía.

5

¿Qué te cuento que te asombre?
Si todo cuento fue dicho,
si no queda ni un mal bicho
que se precie de ser hombre,
que no asimile mi nombre
cuando le hablan de Sabina.
Aquí, la musa argentina.
En Perú, Jime de oro,
tu salsa de pomodoro,
tu gazpacho, tu rutina.

6

En fin, que ser novia tuya,
no es fácil para una donna
que ni es tu fan ni es Varona,
y se precia de muy suya
cuando cada verso incluya
velada su identidad.
Ten un poco de piedad.
No me ocultes con manía.
Nadie ignora que “Lucía”
es tu gran felicidad.

7

Me has prometido y cumpliste
subirte al palco del Nano,
ese viejo zorro enano,
a quien harto le pediste
guardar silencio. Despiste
que pagaron con honores,
los corruptos y señores,
por la mano que les diste,
en top manta que persiste
en cortar mis pobres flores.

8

El poder atrabiliario
vitoreaba tu osadía:
Si “Fito hace de Lucía”,
“Pimpinela” al escenario.
No me deja el calendario
hacer lista de personas
que cuando la bolsa sona,
sirvieron para humillar
con la excusa de corear
el mote de Maradona.

9

Fui tu Messi, tu juglar,
el torero de Las Ventas
y el toro, (sí, me di cuenta),
que había que destripar.
Fui la vaca que ordeñar,
“resumiendo” fui tu boca,
el trayecto que me invoca
cada vez que habla Joaquín
en la Iglesia o el mitín
o mitin que te convoca.

10

A fin de sintetizar,
para no aburrirte mucho,
porque sé que eres muy ducho
en el arte de rimar,
quisiera profetizar,
pues tanto apaño has tenido
que hasta te flechó Cupido
y has sufrido una erección.
¿Aprendiste la lección?
No se juega al escondido.

11

Te vi en Tigre, mal “comido”
y con ganas de “foliar”,
el “Acuario” y de gozar
lo leído y lo vivido.
Todos saben quién ha sido
el dueño de la pantalla,
vencedor de la batalla,
el factor de la incumbencia,
que publica su inocencia,
se ríe, emociona y calla.

12

No se fíen pervertidos,
ni suban a los estrados
de vicios muy instalados
al inconsciente rendidos,
los cómplices aludidos.
Hay pistas por todos lados,
y los Sabinas y Prados
que sin ser dos, de consuno,
calientan como ninguno
corazones agitados.

13

Podría seguir diciendo
mil cosas para tocarte.
Pero si me falta el arte,
que regalo mas no vendo,
es mejor que vaya yendo
con la música a otra parte.
Mi amor nunca te comparte
ni te espera en Relatores.
Ah… en el libro De colores
te dejé un presente aparte.

14

Pregúntale tú a Abelardo
Martínez, que es ubetense
poeta, primo circense,
que se ha cargado ese fardo.
Los motivos me los guardo.
Es funcionario en Valencia
y te ha honrado en mi insolencia,
como hice cuando Mujica,
el buen Pepe, clavó en pica
desde un diario, su advertencia.

15

Voy cerrando. voy cerrando.
Me dirás si has consentido
con algún verso perdido
en canciones. Paso el mando
a distancia y para cuando
aceptes abrir la puerta
de tu alma que deserta
del ruido de los salones,
déjate de maricones
que en eso soy una experta.

16

Te dejo besos con lengua,
rendidos ante el atraco,
aunque me han llamado el Paco
por lo flamenco, no amengua
mi cariño y nunca mengua
el placer por el idioma,
y con su pan se lo coma,
quien mienta, ensucie o prescriba,
que aquí no habrá quien te escriba,
Coronel, si el sol no asoma.

17

Estos ripios los leerás
cuando vuelvas de Las Vegas,
aunque no sé si tú llegas
a enterarte del compás
que suena de ti detrás:
las décimas de la Parra
no le han puesto tanta garra
al novio de su no novia,
la verdad resalta obvia,
y la etiqueta desgarra.

18

Martínez del corazón,
querido amante que espanto.
Has sido y serás un santo:
Disculpa mi sinrazón.
Dejo para otra ocasión
anécdotas e inventario
al calor de otro rosario,
“que está cerca” y está lejos,
exhibiendo catalejos
de tu fuego extraordinario.




Posdata con data:
Escribo en papel sin renglones, como decía Cortázar que era menester, para que los tires al cesto del escritorio o los guardes en tu Sanctasanctórum de Madrid.
Benditos todos los poetas.
Algún día quizás, te pueda contar el motivo de mi cambio radical de decisión. No es que me arrepienta de lo que hice y dije. Ya está hecho y tuvo sus consecuencias. Ahora, estoy al borde del retiro y quisiera terminar mi vida en este mundo en paz con las personas que amé y amo.

Ojalá esta cartita llegue a tus manos. Me has hecho un regalo inmenso que comprendí tarde y sin embargo...


Carta 4



Dulce Joaquinito…





Dulce Joaquinito, loco mío:

¿Qué tal va todo, amor?

Para ser sincera tendría que retomar mi diálogo contigo continuando las cartas y coplas que antes te mandé. No lo haré y te explico los motivos: No sé qué destino tuvieron; si llegaron a tu correo; si las leíste; si fueron a parar al cesto de papeles rotos. Permitime, entonces, que empiece de cero, como si nunca te hubiera dicho “Hola y adiós”.

No sé si Joaquín es tu verdadero nombre. Puesto que nunca me respondiste bien podría ser que no lo fuera en realidad. Tal vez tu Sabina sea como el seudónimo de Dylan. Algo así como las babas del diablo que mencionaba Cortázar, el gran cronopio que nos fascinó con sus relatos fabulosos.

Una persona que te quiere mucho me dijo: “Lu: echá toda la carne a la parrilla para que el flaco te conteste”. La gente cambia, me aseguró, y como dice nuestro admirado Joan Margarit: “Las cartas de amor que habrás guardado serán tu última literatura”. Verás que en el libro que te ofrezco encontrarás un poema con ese nombre y ese epígrafe: La última literatura. Venas al menudeo es apenas un botoncito de muestra de los más de miles de versos y centenas de cartas, un epistolario inabarcable, que te escribí a lo largo de los años.

Tu amigo es uno de los primeros fans que conocí a lo largo de más de diecisiete años de besar cada página web y sitio en el que te mencionara, me acompañó en ese buceo en el universo joaquinesco y me sugirió que hiciera una carta simple, coloquial, legible. Él leyó las anteriores, por supuesto, y me instó a no darme por vencida pese a la falta de respuesta. “Siempre que llovió, paró”, decimos en mi pueblo. “Yo te cielo, amor, en parte diario” y espero ver el arcoíris cuando pasen las tormentas y vuelvan a crecer los girasoles de la felicidad en las rutas ignoradas.

Según las palabras textuales de mi compa chileno: “Si no le dices lo que sientes, vamos a atrasar el curso de la evolución”. El leyó a Esquilo y sabe reconocer a un Prometeo encadenado. Es un fan exagerado que se parece a vos, con una memoria de elefante y por su influencia recibirás mis regalos de amor eterno.

Me recordó una primera carta de amor que dejé en Libro de Visitas de tu entonces página oficial, esa con una preciosa tipografía sobre un fondo verde claro, que lamenté mucho se convirtiese en ocre y recortase los caracteres a 700, después de algunos meses de jolgorio ilimitado en el que jugábamos en tu patio varios viejos pioneros de internet, entre quienes estaba tu fiel compadre Panchito Varona, quien alguna vez tuvo la gentileza de responder a algunos de mis correos electrónicos. Estoy hablando de 1999. Mirá todo lo que te perdiste por no entrar al ruedo virtual o por espiar como simple voyeur, vos que eras el protagonista de la novela más larga del mundo. Sin saberlo y sin quererlo tus admiradores fuimos escribiendo el Ulises del submundo sabinero con letras de imprenta, coleccionando fotos y videos y armando puentes y lazos de afecto, que se cruzan como cables de una ciudad lejana.

Quizás esté equivocada, pero en los últimos conciertos percibo tu fragilidad en el escenario. No se trata de un problema de salud, ya que te noto mucho mejor que cuando parecías estar al borde del suicidio, después del Yo mi me contigo. Siento que de alguna extraña manera, estoy más cerca que nunca de tu presencia cuando escucho esa voz rasgada y rota, que tanto nos encandila a los buenos hermanos de la cofradía.

Como te adelanté, adjunté a esta pequeña cartita (no quiero fatigarte ni ocupar tu precioso tiempo), mi último libro de poemas. Ojalá hayas podido recibir y leer los dos anteriores que te hice llegar por tus asistentes: Retablo de duelos y Acuario Plateado por la Luna. Te mando también un disco que ayudé a componer con un cantautor italiano: Lorenzo Gabetta, que te adora y es un estupendo profesional, además de buenísima persona. Vive en Milán. Actualmente está pasando un momento difícil. Falleció su mujer.

Mis dedicatorias serán siempre inferiores al sentimiento que me provocan tu arte y personalidad. Pero, no quiero atosigarte ni causarte fastidio. Prometo que no volveré a caer en esa tentación. No tengo la menor idea de cuántos seguidores te escriben. Sé que son muchos. Tocar el corazón de un personaje de tu talla no es tarea sencilla aunque a menudo lo intentemos. “El mejor poeta viviente” te bauticé en una carta para la revista La García.

Notamos que la vida es a merced de que vamos creciendo saber abrir la puerta para ir a jugar, como cantábamos (¿en España también?) en el arroz con leche me quiero casar… Aunque ahora tengo mis dudas sobre las bondades del matrimonio y prefiera la soda sin güiski y las bodas sin maridaje.

Retomando mis dudas, cuántas veces me pregunté si ese derroche de belleza literaria que hallaba en tu obra (la conocida y la oculta bajo estrictos heterónimos) era solo producto de un conocimiento riguroso de las leyes de la poesía y de una labor ardua, o de una inspiración genial que te regalaron los dioses y las musas (esas malas mujeres que se acuestan en tu cama y en tus sueños por las noches, cuando todos duermen y la naturaleza conspira junto a ellas, a favor de esos versos que duelen por su exactitud de melodrama).

Sé y asumo mi culpa: “me pasé de revoluciones”. Bueno, qué carajo. Las revoluciones son las que cambian el mundo y yo tuve la osadía de querer meterme en el tuyo. Si hice bien o mal, lo dirá el tiempo. Serpear barreras convencionales inaugurando la poesía urbana del malditismo del siglo XXI requiere sacrificios. Siendo taurino no debería asustarte mi extravagancia de método. Es un modo incorrecto para hacer lo correcto. Llegar a vos (como hizo ese personaje de la ficción periodística a quien llaman “el Sup”).

Más de una vez pensé que la vida era Nosotros o el Abismo. Menos mal que tenemos unos hijos y amigos que son de oro puro, y más de cien mentiras que valen la pena, que si no… No sé si la contábamos.

Después de haber sido tu “musa full time gratis” tuve que aprender a retroceder y compartirte como una humilde fan.

Y sin embargo, Sabi querido… he sido tu amante inoportuna, tu compinche, tu abogado de oficio, casi tu primera novia no novia, tu prima lejana, en Tijuana tres veces por semana, la Chispa de tus ojos, la lengua de las mariposas que con sus feromonas nos provocan en el concierto y en el desconcierto de tu Dímelo en la calle, tu alivio de luto, tus peatones, el vinagre y las Rosas de Lima, el pan caliente, las orejas del toro, el cuerpo del delito, la etiqueta negra de los tipos que tienen algo personal con las Lucías y Penélopes, la furia y el ruido de abogados, tu estribillo melancólico y las canciones de amor de tu existencia. Tu Lulú en todas las edades.

Queridísimo poeta: me despido como “Gelsomina de su Tarzampanó”, en La Strada que juntos recorrimos, dos en la carretera, tirándonos al vacío jugando como Thelma y Louise, mucho más que dos cantando al alimón y a contragolpe, a cuatro monos, palabras terminadas en ú: tiramisú, el dorado era un champú y el brujito de Bulubú.


Para vos estos endecasílabos quevedianos que nunca estarán a tu altura:





1.-




No se puede escribir cartas de amor

sin caer, de repente, en el pecado

de oraciones trilladas del estrado

que impugna la limpieza del fulgor.



Demás está decir que es un rumor

que la vida nos brinde el delicado

regalo de un presente acompañado.

Mañana será tarde y no mejor.



Has hablado conmigo sin saberlo.

Has visto mis jardines deliciosos

que el tiempo ha envejecido sin quererlo.



Los sordos traductores maliciosos

jamás advertirán lo que hay sin verlo:

un sueño de fantasmas sin esposos.





2.-

Si te pido que vueles, golondrina,

si te encargo que vuelvas y hagas nido,

si te ruego que encuentres un sentido,

si te exijo que vengas a Argentina.



Si te escribo con braille o por rutina,

si te arrullo en el fuego adormecido,

si te dicto mi nombre en el latido

raptándote en el valle de Sabina,



mis cartas como siempre viajan solas

rimando tu espejismo con la almohada

que remienda los sueños que controlas.



No preguntes por qué ni digas nada.

Las noches se suceden como olas

y el cielo es la llanura desbordada.





Y un poema de yapa:



Ningún hombre es una isla.





No man is an island

John Donne.



Reclamo una lectura

reminiscente del fuego huracanado

como principio y fin de la conciencia,

y preguntó por qué la soledad en la vigilia

se hace eterna,

si encuentro una mirada en ciertos sueños

que no son pesadillas ni metáforas;

que marcan que mi ser es diferente

en cada madrugada acontecida

con bella nitidez en mis entrañas.

Descubrir al amante es esa vida

que tiene poco y nada de ficticia,

allí donde se mueren las palabras

y viven los fantasmas conflictivos

dejando dulce aroma a despedida

violenta, impertinente,

original de avenimiento en vagas direcciones.

La mañana del día de mañana

será el amanecer de un nuevo estilo,

un viraje secreto hacia la sábana,

destinada a negar la realidad,

poniéndola entre cuerdas imposibles.

Allí me está esperando,

sorprendida y febril, la desmemoria

del viento y del pasado omnipresente.

Ver no es fácil, tal vez, nunca se sabe.

Seduce la locura los infiernos.

En la tarde anterior yo me propongo

continuar mi existencia, sin argucias

en visiones creadas por la mente

tensada por prejuicios de retórica.

No es casual que anteanoche haya vivido

de mi historia el romance más buscado,

una vez que aprendiera a intuir de cerca

que nada hay verdadero en este mundo.

---

El último poema después del último que escribí.









Pierdo libros todo el tiempo,

los olvido y por eso puedo crear sin culpa.

Solo pueden plagiar los funestos memoriosos.




L.A.F. ( Argentina )



RIMAS ESPECULARES



Qué desborde en la red. Qué idolatría.
Qué ganas de comerse el mundo entero.
Qué fuego. Qué suspiros de febrero
pasado en la orfandad de la Gran Vía.

Qué cielo de arrabal. Qué calentura.
Qué besos en la frente y en La Boca.
Qué temple de poeta cuando toca.
Qué luces de escenario en su pintura.

Qué falta de respeto a la ignorancia.
Qué suerte de prisión de aura dorada.
Qué mentira de musa desgranada.
Qué cómplice del juego. Qué inconstancia.

Qué bufón sin zapatos. Qué levita.
Qué whisky avinagrado por los daños.
Qué garbo al escaparse de los años.
Qué patrón de la estancia cuando invita.

Qué planta de torero. Qué mascota.
Qué libro entre las piernas. Fiel desplume.
¡Qué sed de militante! ¿Qué perfume
del jardín del edén le pone nota?

Qué verde era su valle. Qué ironía.
Que fino paladar y fina estampa.
Que barón de las citas de Tenampa
cantando al alimón del alma mía.

Qué modo de ausentarse sin recato
y danzar tantas veces con su gira:
500 versos van que suma y tira
del cuento avaricioso del relato.

Qué amigo. Qué enemigo. Qué padrino.
Qué amante de sus hijas despechado.
Qué esposo sin anillo desposado.
Qué femme fatal con pose de argentino.

Qué macho encabritado. Qué martirio.
Qué legión de fanáticos de amor.
Qué camas cenicientas. Qué sabor
a sales y pimienta. Qué delirio.

Qué días con sus noches albergadas
en discos, pasarelas, garabatos.
Qué fauna periodística en los  tratos.
Qué torres de Babel espeluznadas.

Qué marca en el orillo. Qué belleza
transmitiendo su rojo, su mirada,
su nunca, su después, su casi nada,
su forma de arrancarnos la pereza.

Qué socio de Satán. Qué desperdicio
de modas con olor a naftalina.
Qué tributo. ¿Hasta cuándo, Catilina
usarás rotas llaves del servicio?

Me voy porque no soy.
Vuelvo a quedarme.
Mis artes de poeta vacilante
me asfixian por detrás y por delante.

Caminito de Dios. Veneno bueno:
Que llueva reggaton en campo ajeno.


Me voy porque hoy estoy
sin encontrarme.
Los sueños son promesas incumplidas
de viejos resplandores a escondidas.


Caminito de Dios. Veneno bueno:
Que no falte tu voz en el estreno.



(Esta serie de rimas especulares
que parecen escritos de concesión,
te las cambio por besos preferenciales
a la hora del atraco en otra canción).






domingo, 10 de mayo de 2015

180 versos para Joaquín

1

Aunque no tuve respuesta
de la carta que te he escrito,
redacto este manuscrito
a la hora de la siesta,
y si no respondes esta,
como te imaginarás
volvería para atrás,
para darle su castigo
al poeta que persigo
con actitud lenguaraz.

2

Y si tú me lo permites
te cantaré cuatro frescas,
atropelladas, simiescas,
con afán de que me imites
y que algún día me invites
a tomar sidra contigo
y comer pastel de higo,
-es horrible pero rima-,
para que engorde tu prima,
porque eres juez y testigo.

3

Dejemos bien claro algo,
-perdona la sinalefa
pero aquí seré la jefa-
como mujer del hidalgo
Mio Cid, pues yo lo valgo,
te intimo a decir verdad.
Recuerda que mi ciudad
Avellaneda y porteña,
sabe más de lo que sueña,
y, es bostera, en realidad.

4

Basta ya de vanidad,
que mi broma te acaricie,
siempre y cuando no te envicie
la poca solemnidad
que parece una crueldad
de ataque a la poesía
que te inventa cada día
y en mi muro encontrarás,
aunque digas que jamás
has visto una foto mía.

5

¿Qué te cuento que te asombre?
Si todo cuento fue dicho,
si no queda ni un mal bicho
que se precie de ser hombre,
que no asimile mi nombre
cuando le hablan de Sabina.
Aquí, la musa argentina.
En Perú, Jime de oro,
tu salsa de pomodoro,
tu gazpacho, tu rutina.

6

En fin, que ser novia tuya,
no es fácil para una donna
que ni es tu fan ni es Varona,
y se precia de muy suya
cuando cada verso incluya
velada su identidad.
Ten un poco de piedad.
No me ocultes con manía.
Nadie ignora que “Lucía”
es tu gran felicidad.

7

Me has prometido y cumpliste
subirte al palco del Nano,
ese viejo zorro enano,
a quien harto le pediste
guardar silencio. Despiste
que pagaron con honores,
los corruptos y señores,
por la mano que les diste,
en top manta que persiste
en cortar mis pobres flores.

8

El poder atrabiliario
vitoreaba tu osadía:
Si “Fito hace de Lucía”,
“Pimpinela” al escenario.
No me deja el calendario
hacer lista de personas
que cuando la bolsa sona,
sirvieron para humillar
con la excusa de corear
el mote de Maradona.

9

Fui tu Messi, tu juglar,
el torero de Las Ventas
y el toro, (sí, me di cuenta),
que había que destripar.
Fui la vaca que ordeñar,
“resumiendo” fui tu boca,
el trayecto que me invoca
cada vez que habla Joaquín
en la Iglesia o el mitín
o mitin que te convoca.

10

A fin de sintetizar,
para no aburrirte mucho,
porque sé que eres muy ducho
en el arte de rimar,
quisiera profetizar,
pues tanto apaño has tenido
que hasta te flechó Cupido
y has sufrido una erección.
¿Aprendiste la lección?
No se juega al escondido.

11

Te vi en Tigre, mal “comido”
y con ganas de “foliar”,
el “Acuario” y de gozar
lo leído y lo vivido.
Todos saben quién ha sido
el dueño de la pantalla,
vencedor de la batalla,
el factor de la incumbencia,
que publica su inocencia,
se ríe, emociona y calla.

12

No se fíen pervertidos,
ni suban a los estrados
de vicios muy instalados
al inconsciente rendidos,
los cómplices aludidos.
Hay pistas por todos lados,
y los Sabinas y Prados
que sin ser dos, de consuno,
calientan como ninguno
corazones agitados.

13

Podría seguir diciendo
mil cosas para tocarte.
Pero si me falta el arte,
que regalo mas no vendo,
es mejor que vaya yendo
con la música a otra parte.
Mi amor nunca te comparte
ni te espera en Relatores.
Ah… en el libro De colores
te dejé un presente aparte.

14

Pregúntale tú a Abelardo
Martínez, que es ubetense
poeta, primo circense,
que se ha cargado ese fardo.
Los motivos me los guardo.
Es funcionario en Valencia
y te ha honrado en mi insolencia,
como hice cuando Mujica,
el buen Pepe, clavó en pica
desde un diario, su advertencia.

15

Voy cerrando. voy cerrando.
Me dirás si has consentido
con algún verso perdido
en canciones. Paso el mando
a distancia y para cuando
aceptes abrir la puerta
de tu alma que deserta
del ruido de los salones,
déjate de maricones
que en eso soy una experta.

16

Te dejo besos con lengua,
rendidos ante el atraco,
aunque me han llamado el Paco
por lo flamenco, no amengua
mi cariño y nunca mengua
el placer por el idioma,
que con su pan se lo coma,
quien mienta, ensucie o prescriba;
aquí no habrá quien te escriba,
Coronel, si el sol no asoma.

17

Estos ripios los leerás
cuando vuelvas de Las Vegas,
aunque no sé si tú llegas
a enterarte del compás
que suena de ti detrás:
las décimas de la Parra
no le han puesto tanta garra
al novio de su no novia,
la verdad resalta obvia,
y la etiqueta desgarra.

18

Martínez del corazón,
querido amante que espanto.
Has sido y serás un santo:
Disculpa mi sinrazón.
Dejo para otra ocasión
anécdotas e inventario
al calor de otro rosario,
“que está cerca” y está lejos,
exhibiendo catalejos
de tu fuego extraordinario.
---



Lu_Folino  (laf)

sábado, 18 de abril de 2015

L.A.F. (Argentina)

L.A.F. ( Argentina )



RIMAS ESPECULARES



Qué desborde en la red. Qué idolatría.
Qué ganas de comerse el mundo entero.
Qué fuego. Qué suspiros de febrero
pasado en la orfandad de la Gran Vía.

Qué cielo de arrabal. Qué calentura.
Qué besos en la frente y en La Boca.
Qué temple de poeta cuando toca.
Qué luces de escenario en su pintura.

Qué falta de respeto a la ignorancia.
Qué suerte de prisión de aura dorada.
Qué mentira de musa desgranada.
Qué cómplice del juego. Qué inconstancia.

Qué bufón sin zapatos. Qué levita.
Qué whisky avinagrado por los daños.
Qué garbo al escaparse de los años.
Qué patrón de la estancia cuando invita.

Qué planta de torero. Qué mascota.
Qué libro entre las piernas. Fiel desplume.
¡Qué sed de militante! ¿Qué perfume
del jardín del edén le pone nota?

Qué verde era su valle. Qué ironía.
Que fino paladar y fina estampa.
Que barón de las citas de Tenampa
cantando al alimón del alma mía.

Qué modo de ausentarse sin recato
y danzar tantas veces con su gira:
500 versos van que suma y tira
del cuento avaricioso del relato.

Qué amigo. Qué enemigo. Qué padrino.
Qué amante de sus hijas despechado.
Qué esposo sin anillo desposado.
Qué femme fatal con pose de argentino.

Qué macho encabritado. Qué martirio.
Qué legión de fanáticos de amor.
Qué camas cenicientas. Qué sabor
a sales y pimienta. Qué delirio.

Qué días con sus noches albergadas
en discos, pasarelas, garabatos.
Qué fauna periodística en los  tratos.
Qué torres de Babel espeluznadas.

Qué marca en el orillo. Qué belleza
transmitiendo su rojo, su mirada,
su nunca, su después, su casi nada,
su forma de arrancarnos la pereza.

Qué socio de Satán. Qué desperdicio
de modas con olor a naftalina.
Qué tributo. ¿Hasta cuándo,  Catilina
usarás rotas llaves del servicio?

Me voy porque no soy.
Vuelvo a quedarme.
Mis artes de poeta vacilante
me asfixian por detrás y por delante.

Caminito de Dios. Veneno bueno:
Que llueva reggaton en campo ajeno.


Me voy porque hoy estoy
sin encontrarme.
Los sueños son promesas incumplidas
de viejos resplandores a escondidas.


Caminito de Dios. Veneno bueno:
Que no falte tu voz en el estreno.



(Esta serie de rimas especulares
que parecen escritos de concesión,
te las cambio por besos preferenciales
a la hora del atraco en otra canción).

sábado, 14 de marzo de 2015

Ana María Ángeles Villalobos (Málaga, España)

Mi admirado Joaquín:

 ¿Le puedo preguntar quién es usted?
Para mí usted y sus músicos son ángeles y demonios.

No conozco a su pareja ni a su manager ni a sus hijas ni sus futuras exnovias  por lo que me atrevo a enviarle esta cartita a su casa de Lavapiés,  y  espero la  lea antes de su primer concierto en Málaga, porque allí estaré con mi entrada en quinta fila junto a mi madre, mi hermano Armando y mi abuelo Manuel.
Tengo  18  años y por la devoción que siente mi familia entera por sus canciones me he convertido en su fan número dos.  Mi abuelo que es de su época y tiene su misma edad,  estudió en Úbeda, y no ha vuelto a verlo desde el colegio, aunque nunca ha dejado de admirar su arte, es el número uno.

Su silencio nos asusta. Cuando no lo vemos en televisión o no da entrevistas en radio nos preocupamos por su salud, como si formase parte de nuestra familia.  Sabina es el tío que siempre quise tener.
A mí no me engaña.  Usted no cumplió 66 años dos días antes del de los enamorados, usted anda por la Ruta 66 enamorado de las musas como un joven en motocicleta, con el pelo al viento.

No lo sabe, pero lo cuento  entre mis amigos. Me advirtieron que no lo incluyera porque conocerlo es quedar atrapada en su red,  pero no pienso dejar fuera a un maestro del arte de la poética por habladurías.
Si  se quiere autoexcluir como han hecho algunos que sospecharon cosas que no podrían comprobar jamás es un problema de ellos. Ni suyo ni mío. Yo seguiré firme porque  cuando suena su voz en los pasillos me embeleso  y no me pelearé ni insultaré a nadie porque cada cual puede pensar lo que quiera.  Les he dicho a los fans que discuten por el protagonismo ante las cámaras, que no me parece que eso fuera lo que le gustaría a Joaquín,   creo que al contrario, su mediación sería sabia y tierna  debajo de ese disfraz de hombre cínico enfundado en un traje verde esmeralda.

¿Puedo tutearlo? Tomaré su falta de respuesta por un sí.
Te pregunté si  tú eras tú, si las historias que nos narras son autobiográficas o solo producto de tu inventario inagotable.
He leído el libro de psicomagia de Jodorowski  en el que hay ejercicios para sentirse bien. He practicado algunos para darme coraje y enviarte esta misiva.
Estoy haciendo una investigación de campo que me encomendó mi profesora de universidad. El tema que he elegido es el análisis de los seguidores de un artista tan completo como tú.
No me compares ni me confundas con nadie, soy malagueña con mucho orgullo.
Fue difícil conseguir la entrada para verte pero sé que valdrá la pena. He ahorrado mucho en los últimos meses y mi sueño sería tomar una copa contigo.
Saluda de mi parte al elenco de tu compañía. Los respeto y admiro  mucho a todos y los conozco por fotos en la red en la que tendrías que entrar alguna vez para leer los homenajes de tus queridos discípulos en el arte de crear. Tus humildes seguidores.  Los conozco bien a todos...son muy valiosos.
¿Y cómo te podría saludar en el teatro? Ni siquiera sé si me dejaran acercarme a tu equipo de trabajo. Lo intentaré. Prometido. Me han dicho que son gente muy maja. Ok!!! Lo intentaré porque lo único que me interesa y deseo con todo mi corazón es poder darte un grandísimo abrazo  para morirme en paz cuando me tenga que morir
Mi teclado ya se enojó de solo pensar que pasará mucho tiempo hasta que volvamos a vernos después de esa noche. Calculo las horas, minutos y segundos que faltan para el gran día.
Ya lo sé. Eso no es ningún impedimento para abrazarlo en la distancia y  decirle que me acuso de morirme sin su boca. Perdona. Quedábamos en que iba a tutearte pero me cuesta demasiado. Abrazarte y decirte.

Hay quien alega que te has vuelto muy maricona y te emocionas hasta las lágrimas con tus seguidores que te adoran.

Darte un abrazo y tomarme una fotografía contigo sería como tocar el cielo con las manos.

(Le prometí a FELIZ SABINA que le enviaría la foto autografiada para su muro de saludos por tu cumpleaños: http://felizcumplejoaquinito.blogspot.com.ar  Me han dicho que recibes un reporte diario de las actividades de las redes sociales de Pablo Garcés Botella. Por mi parte, prefiero que la carta te llegue también por correo ordinario además del blog.  Así no tienes excusas para decir que no te has enterado ni que no la has recibido)

Wwoowww!!! Qué bueno sería si me dedicases una canción. Me  muero de ganas de decirte que me muero de ganas de decirte…  y que no quiero que el destino  venga a vengarse de mí, que prefiero la guerra  contigo al invierno sin ti.
Digo lo que tengo que decir y punto, capitán. ¿Estoy loca? Aseguran que  los locos siempre dicen la verdad.  
Mira, yo no tengo derecho a juzga ni opinar en los actos de Sabina,  es cosa muy tuya y te admiro  por ser quien eres, no por los dime y diretes,  ¿¿¿vale???,  si no puedes recibirme estará bien igual.

No soy una chica de humo. Soy tan real como tu princesa. No soy solo un personaje e y  lo que siento por ti  parece que molesta, lo lamento,  pero es lo que ocurre.  Hay envidia cuando alguien es joven y libre de decir y hacer lo que le apetece.
Tengo que estudiar para un examen muy importante sobre Literatura norteamericana y su influencia en la psiquis de Iberoamérica para mi materia Sociología I.  Tuve que traducir del portugués al inglés un librode Carlos Pronzato sobre Poemas contra el capitalismo.
Te preguntarás: ¿¿¿Y yo que tengo que ver con eso???  Pues, para hacerlo pensé mucho en ti y en tus expresiones políticas, tus inquietudes filológicas y tu curiosidad intelectual. Superas a cualquier funcionario y podrías ser nuestro futuro Jefe de Gobierno. En mi familia te votaríamos todos.

Sabina eres mi jefe, mi líder, mi padrino, mi gurú, mi novio, mi pareja gay,  mi amigo íntimo, mi enemigo, el toro de las ventas, el whisky que tomamos juntos, si no lo sabes no sabes. Sabina eres tú el campeón, el maestro de maestros.
Sólo tú  podrías  responderme  algunas preguntas. ¿Morirás  guardando el secreto como lo de Lisboa o nos abrirás las puertas de tu intimidad?

¿Qué estás haciendo a esta hora, mi viejo querido? ¿Contando ovejitas para dormir sin pastillas para no soñar? No sé,  tal vez escribiendo tu futura novela. O quizás estés ensayando.
Tienes  que cuidar la voz para la gira de 500 noches para una crisis.  Cuida tu garganta,  profunda e inimitable.
Ten cuidado con las guitarras, especialmente con la Gibson Les Paul, que te la robará una con medias negras junto con tu cartera y tu ordenador. Si estás mucho tiempo tocando antes del concierto te darán vahídos y mareos, ataques de pánico escénico. Naciste con esa vos  y ese don privilegiado.  
Escribes como los dioses (aunque las primeras canciones fueran bastante flojas), pintas magníficamente (mejor que Dylan sin lugar a dudas), cantas con una expresividad sublime, tiene la voz que todos envidiarían, eres el más guapo y desnudo molas mucho. jajajajajaja ¿Qué más le puedes pedir a la vida? Tienes  hijas, salud, amigos, genialidad, éxito, dinero,  una casa espectacular, mujeres que matarían por pasar una noche en tu cama. Eres mi héroe en todo el sentido literal de la palabra. Yo soy una sabinera a la que no tienen que pagarle para que vaya a aplaudir a rabiar. Me encantaría ser parte de tu alma, tu  cómplice, tu compinche, tu juez y parte  y hasta tu enemiga del corazón.
Otro día, si me respondes,  te contaré los oscuros intereses que me mueven a escribirte.
Me ejercitaré en la teletransportación y subiré  al escenario en Málaga, en Sevilla, en Bilbao… recorreré España en tus brazos. Cierra los ojos y me verás… hasta alcanzaré a oler el perfume que te pones antes de salir a escena y verás que ya no necesitas granos de sal y pimienta contra los nigromantes. Me han chismorreado que usas el Hugo Boss y el Hugo Red, según la ocasión que se te presente.  Hugo red: “Una fragancia dinámica que desata el lado temerario a través de un fuerte contraste entre sensaciones de frío y de calor”. y el Hugo black para las noches de etiqueta negra. Wwoowww!!!  ¡Esto  huele delicioso!
Los compraré y podré rociar un poquito en mi sala cuando escuche tus canciones y lea tus libros así podré imaginarte mejor.

Oh, captain, my captain.

Te mandan besos todos los de mi familia y mi abuelito que te admira tanto, un abrazo.

Te queremos mucho. Preguntaré por ti  después del concierto.


Ana María Ángeles Villalobos.

Laf

viernes, 13 de marzo de 2015

Paulino Vega del Corral (Colombia)



Sabina:

Cuando llegan los viernes por la noche
y empiezan a ocultarse las pasiones
arrolla con el haz de corazones
que ilumina con rayos como un broche.

Los novios de la luna en carricoche
se internan en mercados del usado
y atrapan el capricho desvirtuado
de niñas con afán por el derroche.

En tanto, mi Sabina se ha quedado
leyendo a su James Joyce tan adorado
en una nave que comanda Ulises,

cenando con botellas de rufianes
acaba sus lentejas con faisanes
y anhela practicar para los bises.



laf

sábado, 7 de marzo de 2015

Lucía Lapiedra ( La Roca, España)

El Nano en Buenos Aires busca gente
que quiera compartir su Antología
desordenada ¿y qué?, bien lo sabía:
el público está más frío, indiferente.

Joaquín se fue a Granada y en su frente
la Cruz del Sur tatuó con hidalguía.
Peleará Y sin embargo, a su Lucía,
sin mentar a la musa maloliente


que en Lima representa a la Embustera,
y es bosta en su querida Bombonera.
Los dos se mandarán besos a pares
con una conexión a la distancia,
un poquito de orgullo y petulancia
e irán con sus cantares a otros bares.


Buena suerte, pajarracos.



(del blog http://felizcumplejoaquinito.blogspot.com.ar)

laf